F-E-L-I-C-I-D-A-D

2008.10.02

Ahora… ¡todos juntos! La F con la E: FE…

CONVERSACIÓN
A. Gomez: ¿Es usted feliz?.
B. Perez: Mmmm… no.
A: Luego es usted infeliz, un desgraciado.
B: Oiga, yo no he dicho eso.
A: Pues ya me contará. Si no es feliz ¿qué es?
B: No se, otra cosa.
A: Y qué otra cosa hay. A ver es por su nariz grande ¿verdad?
B: Nooo, me gusta mi nariz. Bueno, en realidad no me fijo mucho en ella.
A: ¡Ah! Entonces es por el coche viejo y el empleo de poca monta.
B: Trabajo, cobro, y el coche me lleva a donde quiero.
A: No intente engañarme. Ha dicho que no es feliz y no hay más que ver su vida. Claro, es comprensible.
B: No, mire, me está entendiendo mal. Yo sólo digo que…
A: Tiene Usted que aprender a quererse más.
B: ¿Qué?
A: Si, a quererse más, a desarrollar su autoestima. Debería también empezar a hacer ejercicio físico y a tener empatía… ¿No querrá que todo el mundo se aleje de Usted?
B:… (Continuará)

PULSANDO EL INTERÉS: CONSULTAS EN INTERNET

He buscado en Internet la palabra “felicidad” y éstos han sido los resultados:

Google: 22.100.000 (en ingles, más de 92 millones)
Blogs: 1.385.222
Títulos en la base de datos del ISBN: 955

LA COERCIÓN CARITATIVA
La moral y la felicidad, antaño enemigos irreductibles, se han fusionado; lo que actualmente resulta inmoral es no ser feliz, el superego se ha instalado en la ciudadela de la Felicidad y la gobierna con mano de hierro”. Esto es lo que dice Pascal Bruckner en “La euforia perpetua” (1) y no le falta razón. Responsabilizarse en todo momento de nuestro buen estado físico y de humor puede ser bueno a la larga, pero a corto plazo es agotador. Esta “vía de la perfección” es sustancialmente diferente a los deberes morales de nuestros ascendientes, por los que, o te privabas de algo, o te condenabas al fuego eterno. Desde el siglo XIX, el camino de la realización hacia la felicidad es una solicitud tan maternal que cuesta trabajo negarse. Pero, ¿de qué nos libera? Creo que de nada. Es una propuesta generosa, aunque yo creía que la felicidad debía estar al servicio de la libertad y no al revés. En nuestras sociedades opulentas hemos desarrollado una nueva raza de culpables: ya no son los sibaritas ni los libertinos, sino los infelices y los tristes… ¡los aguafiestas! La felicidad ya no es nuestra suerte, sino nuestro destino. Así, toman todo su sentido las palabras Bruckner, “cuando lo deseable se convierte en posible, se integra de inmediato en la categoría de lo necesario”. Además, como la mujer del César, no sólo hay que ser feliz sino que también hay que parecerlo. Es la nueva ética del “parecer estar a gusto…” y, por ende, la ética de la comparación con el de al lado. Es decir, una ética mangoneada por el mismísimo Lucifer. He leído en un “estudio econométrico de la felicidad” (2) que el ingreso económico relativo pesa mucho más sobre la felicidad de las personas que el ingreso absoluto. “Tener más dinero que los vecinos, amigos o compañeros de trabajo influye más sobre el bienestar psicológico de la gente que el hecho de tener simplemente más dinero“, sostiene Bal. Si la moral es el conjunto de creencias y normas de una persona o grupo social que sirven de guía para obrar, es decir, que orientan acerca del bien o del mal (correcto o incorrecto) de una acción, y nuestra moral está dirigida a la consecución de la felicidad, no me extraña que proliferen esos cotidianos actos detestables que todos conocemos. Para ser feliz ya no necesitamos ser, sino tener, y que el de al lado tenga menos. En este “tener”, se incluye el “tener felicidad” y el “tener voluntad para tener felicidad”. Si la satisfacción está a nuestro alcance, el logro de la felicidad se convierte en una suerte de intimidación del que somos víctimas y cómplices al mismo tiempo.

NUESTRO AMIGO B.

Dejamos a B. Pérez inmerso en una interesante conversación con A. Gómez. Preocupado ahora por todo este tema, B. Pérez se encamina hacia su librería habitual donde suele adquirir libros sobre aviones de la II Guerra Mundial, uno de sus hobbies favoritos, junto con la pesca. Éstos son algunos títulos que vio, a vuela pluma, en la sección de autoayuda (y sus diálogos interiores):

A TRES PASOS DE LA FELICIDAD (Bien, no necesito el bonobús)
EL DIRECTIVO FELIZ (Subtítulo: “y los empleados oprimidos”)
UTILICE EL ESTRES PARA SER FELIZ (Será que funciona como las vacunas)
CONECTA CON LA FELICIDAD (No necesito comprar el libro, con mirar el número de teléfono o el correo electrónico…)
FELICIDOLOGIA: LA CIENCIA DE LA FELICIDAD (Felidogolo… fidelilogogía… felicidiología… bueno, lo que sea)
UNA TEORIA DE LA FELICIDAD (Suena a tostón)
DIEZ LEYES PARA SER FELIZ (Más tiene el código penal)
LO QUE SABE LA GENTE FELIZ (Ya podían haberlo contado antes)
TU SI PUEDES SER FELIZ PASE LO QUE PASE (¡¡¡¿Pase lo que pase?!!!)
LOS PILARES DE LA FELICIDAD: LAS CLAVES PARA APROVECHAR CADA MINUTO DE TU VIDA (INCLUYE IMAN) (Ah! Menos mal, con el imán ya me quedo más tranquilo)
LA CONQUISTA DE LA FELICIDAD (Debería incluir un machete)
GANAR FELICIDAD: DESCUBRE LOS SECRETOS DE LA ALEGRIA COTIDIANA Y LA SATISFACCION DURADERA (Si ya nos andamos con secretillos…)
LOS SECRETOS DE LAS MADRES FELICES: UNA GUIA ALTERNATIVA PARA LAS MAMAS DE HOY (Las mamás de ayer eran idiotas, por lo que se ve)
FELICIDAD Y AUTOESTIMA (No, si ya decía yo que estas eran siamesas)
Etc. (3)

¿Cómo podría continuar la conversación de B. Pérez con el sabio feliz, A. Gómez?

Opción A: “Tienes razón. Creo que no me había planteado todo esto. Quizá esté evadiendo mi responsabilidad de ser feliz”.
Opción B: “Si, es verdad” (Vale, diré esto para que se calle. Será mejor que la próxima vez, cuando me pregunten si soy feliz, diga que si. Me pregunto si el resto de las personas harán lo mismo que yo… lo digo por la fiabilidad de los resultados de las estadísticas…)
Opción C: “Querido amigo A. Gómez: ¡Váyase usted al carajo y que sea muy feliz allí!”

Fuentes:
(1) Bruckner, Pascal. “La euforia perpetua”. Barcelona: Tusquets, 2008
(2) Felicidad al mejor postor - http://www.clarin.com/suplementos/economico/2006/02/12/n-00201.htm
(3) Búsqueda real en la librería virtual Casa del Libro – http://www.casadellibro.es

6 comentarios

  1. Lo que yo le diría:
    Dado que a mi me pasa lo mismo que a B. Pérez, pues mi respuesta natural es ese indescriptible “otra cosa”, ante la insistencia de A. Gómez cambiaría de tema y me pondría a canturrear algo. Si no se da por aludido, pasaría directamente al ataque, pues estos “agentes de ventas de felicidad” tiene muchos puntos débiles, y a mi me sobra capacidad de observación y mala leche ;-)

    Filô, 2 Octubre 2008
  2. Genial, Filo. Qué acertada me parece tu reflexión (además de muy divertida e ingeniosa. Y eso que el tema es serio). Una buena dosis de Schopenhauer les daría yo a esos teóricos de la autoayuda facilona que, además, no discriminan, en qué tipo de mundo o sociedades se tiene que perseguir la supuesta felicidad.
    Kant vio que virtud y felicidad no iban juntas normalmente en este mundo. De todas maneras, pienso que en un sentido bien preciso -aunque sutil- sí se deben relacionar. Y aquí cobra sentido Sócrates: sabiduría, que equivale a areté (excelencia, plenitud, “belleza”), que a su vez equivale a felicidad (eudaimonía: que ha uno le haya caído en suerte un buen daimon; tener ángel o contar con el favor de los dioses o de las estrellas). Pero luego hay un proceso de creación personal, ineludible y nada facilón, que me parece perfectamente compatible con el sufrir, penar y “pasar muchos trabajos en este mundo sublunar”).
    Platón escribe en su República: “No diseñamos una polis para que unos cuantos sean felices, sino para que lo sean todos”. Y en la Constitución española de 1812, la Pepa, se podía leer: “El objeto del gobierno es la felicidad de la Nación”. De los ciudadadanos, del pueblo, de la gente… cabría decir.
    Pero una felicidad que tendría que ver, (¿simplemente?) con ser honrado, honesto (esta palabra tiene unas connotaciones preciosas en Tomás de Aquino). No con tener más, llevar perfumes y modelitos caros, ser un gigante en vanidad (¡qué bien estoy conmigo mismo!) y no tener un gran corazón. Porque los grandes y generosos corazones suelen padecer y sentir-con otros (sim-patía).
    Me alargué.
    Mis mejores deseos.
    B.

    Boehmiano, 2 Octubre 2008
  3. Hola, Filô!!! ¿Será felicidad lo que sentí al leer tu entrada? Técnicamente fue breve pero por un momento no tuve conciencia del tiempo, tenía trabajo riéndome.
    Claro, la felicidad no es eterna ni se atesora, es eso que se vive… Resulta que lo que ahora rige el mundo es la publicidad, que está basada en provocar el deseo pero sin llegar a saciarlo nunca. Esta epidemia de ansiedad lo demuestra, y la felicidad es un producto más que vender. Por suerte existe otro mundo donde los sabios zen hablan de abandonar el deseo y anular el yo; es en el que vivo/soy feliz.
    Bienvenida de vuelta,
    h.

    hiniare, 4 Octubre 2008
  4. Boehmiano, mantener esa “areté” en el día a día resulta muy complicado. Es lo que he intentado siempre y sigo intentado: ser honesta (no necesariamente feliz) y bella (en el interior). Esto, llevado a la acción diaria, da lugar a confusiones, pues no parece que estas dos cualidades se identifiquen en general con nada conocido por la mayoría. Es más, algunos tenemos que esforzarnos por conseguirlo ya que el viento sopla en contra. Pero siempre se puede encontrar a alguien que, de alguna manera, te “reconozca” y te sirva de ejemplo.

    Hiniare, los sabios zen son majísimos, aunque todavía estoy esperando la iluminación y además tengo muchos, muchos deseos, el mayor de todos absolutamente inalcanzable.

    ¡No tengo remedio! ;-)

    Un abrazo a los dos :-)

    Filô, 10 Octubre 2008
  5. Aunque es una minucia, atribuible a lo mal que funciona mi teclado, se me coló una hache absolutamente innecesaria en mi comentario anterior, que no debí releer.
    Pero se dice: “que a uno le haya caido en suerte”, y no “ha uno” (!).
    Dicho sea por la belleza de la lengua.
    Enmendado el entuerto.
    B.

    Boehmiano, 11 Octubre 2008
  6. kuando bi la ache x pco me muero dl susto!!!

    Que no, que es broma, ni la había visto. Nos suele pasar a los que las usamos (las haches), muchos no sabrían ni localizarla en el teclado.

    Un beso :-)
    F.

    Filô, 11 Octubre 2008

Leave a comment