Principio de incertidumbre

2009.07.13

“La verdad sólo se puede decir a medias”

Entrevista a Gustavo Dessal, escritor y psicoanalista, por Esther Peñas. Madrid- 18/06/2009, fuente: Solidaridad Digital

Hay escritos virtuosos y escritores fascinantes. En Gustavo Dessal (Buenos Aires, 1952) convergen ambos sucesos. Leerle es adentrarse en un entramado de pulsiones humanas; leerle es conocernos un poco más a nosotros mismos; leerle ilumina las zonas más umbrías del ser. Conversar con él deja un gusto a reflexión que madura y se conserva. Utiliza el hallazgo de Heisenberg para nombrar su último libro –su primera novela-: ‘Principio de incertidumbre’ (RBA) y nosotros utilizamos esta excusa para disfrutarle.

Al igual que en ‘Líbranos del bien’, su último libro de cuentos, ¿podría decirse que ‘Principio de incertidumbre’ es una confirmación de la complejidad y extrañeza del ser humano?
Sí, aunque la novela tenía originariamente otro título -‘La noche del cerdo’-, recoge un aspecto fundamental de la conducción humana, la incertidumbre. Las certezas de las que nos rodeamos no son más que vestimentas para disfrazar una inconsistencia concreta, una incertidumbre generalizada. Este término, incertidumbre, viene a personar lo que es la realidad del mundo.

Pero la incertidumbre, ¿no ha acompañado al hombre desde sus primeros pasos?
En efecto. Aunque ahora todos coincidan en señalar la incertidumbre como rasgo de nuestra época, ha sido unos de los ingredientes de la existencia, intemporal. Cierto es que los seres humanos han encontrado distintos recursos para atemperar ese desamparo, siempre la religión uno de los antídotos fundamentales; hoy en día se van inventado otros, pero dudo de que sean tan eficaces como la religión lo fue en su momento.

El principio se incertidumbre nos remite a la idea de que cuanto más certeza se busca, más imprecisión encontramos. Esos, trasladado al hombre, ¿cómo se encara?
La verdad siempre tiene una estructura y sólo se puede decir a medias; la verdad absoluta es el esfuerzo que el poder ha ejercido para convencernos respecto de una idea de lo que es la verdad. Los seres humanos tienen una necesidad de absolutos, por eso es fácil vender consejos, a pesar de que esta época se caracteriza por un estado líquido del pensamiento.

Entonces, ¿dónde buscar la verdad?
Históricamente ha habido una necesidad de definirla de manera radical y absoluta, y es el deber de la literatura demostrar, concienciar acerca de que la verdad es algo fugaz, entrecortado, que está hecha de luces y sombras. En la novela utilizo la metáfora del crimen irresuelto, tanto en el comienzo de la obra como en el final, para transmitir que la verdad no puede contarse toda.

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Círculos de vida

2008.07.27

Ayer vi en televisión una entrevista a Pedro Ruíz. Pedro tiene la virtud de la coherencia y sus palabras contienen siempre un sentido. Es decir, que habla para decir algo. No le conozco personalmente, ni lo haré, así que no puedo afirmar que de el paso siguiente, que consiste en hacer lo que se dice. En todo caso, tampoco tengo evidencias de lo contrario.

Lo traigo a esta entrada a raíz de una respuesta suya referida a su decisión de no tener hijos. El artista habló del “último círculo” -sin dar más explicaciones sobre esta expresión- manifestando que nadie había logrado entrar ahí o, al menos, entrar para quedarse. Entendí que hacía referencia a esa parte íntima de la vida que sólo el amor puede llenar. Según mi interpretación, en este “último círculo” viven Psique y Eros. Mejor dicho, en psique -que es el continente circular- vive Eros, porque cuando Eros no se encuentra contenido en la psique es “un dios a temer por los estragos que causa en la vida humana (…), un tigre, y no un gatito con el que juguetear” (citado por James Hillman en Psique y Eros en la experiencia afectiva profunda). Leer más…

Scripta manent

2008.07.22

Las palabras escritas, desde los tiempos de las primeras tablillas sumerias, estaban destinadas a pronunciarse en voz alta. La frase clásica scripta manent, verba volant que en nuestro tiempo ha pasado a significar “lo escrito permanece, las palabras se las lleva el aire”, tenía un sentido opuesto al actual. Se escribió en alabanza de la palabra dicha en voz alta que es capaz de volar, en contraposición a la escrita que permanece sobre la página silenciosa, inmóvil y muerta.

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Mi madre no tiene la culpa

2008.06.21

Seguidora confesa de C.G. Jung, el discípulo rebelde de Freud, no puedo negar la alegría que sentí cuando conocí la publicación de “El libro negro del psicoanálisis” de Catherine Meyer. Esperaba encontrar ahí la confirmación a las sospechas que me rondan desde hace tiempo con respecto a este pensador, psiquiatra y filósofo: su reduccionismo supuestamente científico, un pesimismo latente y una especie de “ausencia nouménica”, motivo de su distanciamiento con Jung. En este título se reúnen las opiniones de más de cuarenta especialistas entre médicos, historiadores y psiquiatras, además de las experiencias de varios pacientes, y cuyo contenido temático se puede apreciar en el índice de la publicación. Lamentablemente, el título, editado en Argentina, se encuentra agotado, por lo que me ha sido imposible hacerme con un ejemplar. Sin embargo, he localizado en Internet algunos fragmentos que me gustaría transcribir a continuación. Me consta, por comentarios en la Red, que psiquiatras y médicos andan un poco disgustados porque algunos han osado criticar al gran “gurú” de las ciencias de la mente. Pero hay que reconocer que, en ciertos -muchos- aspectos y al margen de sus aciertos, Freud no ha conseguido superar la prueba del tiempo: la perspectiva que dota o anula la veracidad de los postulados. He incorporado algunos comentarios a las imágenes, eso sí, con algo de humor, que nunca viene mal.

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Maldoror y las metamorfosis

2008.06.16

Quiera el cielo que el lector, animoso y momentáneamente tan feroz como lo que lee, encuentre sin desorientarse su camino abrupto y salvaje a través de las ciénagas desoladas de estas páginas sombrías y rebosantes de veneno; pues, a no ser que aplique a su lectura una lógica rigurosa y una tensión espiritual equivalente por lo menos a su desconfianza, las emanaciones mortíferas de este libro impregnarán su alma, igual que el agua impregna el azúcar.

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