Ya sabía yo que philoousia me servía de terapia espiritual… y también, por qué no decirlo, de terapia psicológica. Pero aquí estoy otra vez, como hace unos años, justo antes de nacer Filô, completamente perdida e incapaz de retomar el hilo de mi alma. Vamos, que no puedo escribir ni dos palabras. No voy a decir que camino hacia atrás como los cangrejos, porque estos caminan de lado… Ni que dos renglones seguidos de lectura me hastían, pues me basta con uno; ni diré que no dedico ni un sólo minuto a la reflexión, porque no se lo que esa palabra significa. He cambiado meditación por preocupación, y esencia por brillos y reflejos. Me acerco, peligrosamente, al estado mental de aquella Miss Nosequé, para la que Confucio era un chino japonés muy antiguo, que inventó la confusión. ¿Que no me creéis? Pues si. Y, encima, Sonámbula duerme como un tronco, lo que la imposibilita de realizar sus excéntricas excursiones nocturnas. Esther se pregunta dónde estarán estas dos jodías crías, que tanto le equilibran la vida. Y también se pregunta por qué nació sin raíces. Y me callo para no deprimir al personal.
Eso no quita para que envíe a los lectores, fijos (si es que quedan) y casuales, un beso.
La Maison en Petits Cubes, o de cómo hundirse en la línea del tiempo de la vida. El cortometraje de Kunio Kato ha conseguido el Oscar 2009 al mejor corto animado. Lo sé gracias a Nene Weno, que está al tanto de todo. ¿Qué ocurriría si de repente no dejara de llover?
“Al despertar en el bosque en medio del frío y la oscuridad nocturnos había alargado la mano para tocar al niño que dormía a su lado…”
Así comienza la novela de Cormac McCarthy, una obra excepcional y difícil, que he devorado en apenas unas horas. Su ritmo lento y axfisiante me ha sumergido en un mundo desolado, donde las esperanzas muertas siguen con vida. Padre e hijo caminan por un lugar, quizá no tan imaginario. ¿Por qué seguir? Las carreteras están para recorrerlas, supongo. La vida es un camino de sentido único. Sólo hay una dirección: hacia delante. Nos guste o no, hay que seguir.
Estremecimiento es el estado en el que me encontré tras su lectura. Cuántos héroes anónimos no habrá habido en este planeta asolado por guerras y destrucción desde hace milenios. Cuántos padres con sus hijos habrán vagado en busca de una esperanza. Cuántos quedarán por venir, mientras imaginan otros padres con otros hijos, sentados en la orilla, al otro lado del mar. ¿Un final feliz o se trata de otro engaño para poder continuar?.
Dicen que están adaptando la historia para una película. No creo que pueda reflejar el contenido de este libro. Ojalá me equivoque. Recomiendo leer la novela antes, por si acaso meten la pata.
Están aquí en la noche
más jóvenes que nunca, albores de sus venas,
fulgores de sus ojos inviolados:
llamas que arden sin arder, pies y manos
sellados por el óleo:
esplendores que giran sin moverse
con el sol nocturno que corona sus cabezas:
interminables cuerpos
de fuego que se extingue y no se extingue;
transparentes de ser cuerpos
que nos tocan:
bocas gloriosas que desprenden estrellas:
están en todas partes y no están en todas partes,
y están sin espacio,
sin espacio sin espacio sin espacio
de nunca estar estando: ágiles
como todo el relámpago: purísimos
de ser siempre nuestra compañía: tiernos
cuando nos tocan en el sueño,
cuando nos besan y decimos que es la brisa.
Están aquí para que los miremos sin mirarlos,
los únicos que nos borran la tristeza de estar vivos,
los únicos que nos dicen que a la Casa no hemos regresado.
Están aquí más jóvenes que nunca
en sus radiantes cuerpos,
en sus perfectos cuerpos esta noche,
vestidos por el agua y por el fuego,
más jóvenes que siempre en la sustancia de la luz,
los Resplandecientes.
El ojo de Dios nos observa (Nebulosa Hélice, en la constelación de Acuario)
Es conocido entre los marineros, que la lluvia tiende a calmar el mar. Esto sucede porque produce, en breve escala, un proceso de amortiguación debido a leves variaciones de la rugosidad en la superficie del océano, que se hace visible especialmente en situaciones de viento moderado. Será porque he vivido toda mi vida junto al mar, he observado y disfrutado este fenómeno en innumerables ocasiones, al que recibo como una bendición de los dioses, y no he sentido disminuida mi capacidad de asombro y de paz al conocer que obedece a un fenómeno físico estudiado. Es más, me gusta saber el mundo se ordena de tal manera que me obsequia con la posibilidad del estremecimiento ante la belleza. Viene la lluvia, calma el mar y el barco llega a puerto. Es momento de iniciar nuevas rutas, tal vez a pie. Seguro que nos encontraremos en algún cruce de caminos. Buen viaje y gracias a todos.